2021: AMISTAD - Vol XLIII nº 1 y 2

Adriana J. Blasetti: Médica egresada de la Universidad de Buenos Aires. Practica el psicoanálisis. Miembro titular de Testimonios-Institución Psicoanalítica, entre 1995 y 2012. Co-coordinadora del Grupo Clínica con Niños de Testimonios. Miembro del Equipo de Psicoanálisis con Niños del Hospital Español de Buenos Aires entre 1996 y 2001. Organizadora de la experiencia de análisis con niños en la Comunidad Escolar, Escuela 13 de Villa Pueyrredón –CABA— entre 2001 y 2009.


Mabel Marcinavicius: Medica por la UBA. Especialista en Psiquiatría. Psiconalista Miembro Titular en función didactica de APdeBA. Docente Titular en el IUSAM. Magister en Psicopatología y salud mental. Numerosas publicaciones en libros, revistas y congresos sobre distintas temáticas psicoanalíticas, varias de ellas en relación a Los Argentinos y el psicoanálisis, en la que se centra su tesis de maestría.

Sabemos que el descubrimiento freudiano es el inconsciente. Individual, singular, lo más íntimo de cada uno, se articula sin embargo con el estado de la sociedad. Dice Colette Soler: la causalidad inconsciente no está disociada de las coyunturas de la cultura y nos recuerda que, para Lacan, el verdadero escándalo del descubrimiento freudiano es la extimidad (neologismo que condensa exterior e interior) intranquilizadora e incómoda que repercute en el sujeto.

La posibilidad del ser humano de generar preguntas sobre la identidad o los orígenes tiene que ver con que el inconsciente tiene la condición de lenguaje que permite su desciframiento.

Incluso luego de la reformulación de la teoría freudiana a partir del contacto con los desastres de la Primera Guerra (1914-1918) y la inclusión de la pulsión de muerte (una de las formas de lo Real en Lacan), no deja de ser el lenguaje el que opera con la posibilidad de transformación. Para Colette Soler, el verdadero aporte de Lacan a la teoría freudiana es considerar el lenguaje, antes que nada, un operador que metamorfosea lo real.

En el vínculo analítico —que Lacan llama discurso—, cuando se aleja de la lógica de la identificación, se generan nuevas narrativas, ficciones que dan cuenta del núcleo de verdad de quien habla. Pero no sólo en el análisis esto ocurre y este proceso de escritura también tiene lugar en la producción poética.

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Gerardo Pasqualini dirá que de lo que se trata es de escritura. Y que escritura y literatura no son lo mismo.

En el marco de nuestras investigaciones sobre la expansión del psicoanálisis en la Argentina y las interrelaciones de las historias singulares con la Historia, tomaremos un texto de Borges donde va más allá de otras declaraciones suyas sobre lo transmitido por sus antepasados vía tradición y se centra en el cruce de dos linajes, lo inglés y lo militar, como él mismo lo enuncia.

Cabe aclarar que no se trata de hacer psicoanálisis aplicado.

Pensamos que la escritura en Borges tiene la misma capacidad de inscripción simbólica que un psicoanálisis donde intervienen la posición del analista, su deseo y su ética. Como la escritura en Marguerite Duras, de quien Lacan dice que resulta saber sin mí lo que yo enseño y agrega que la práctica de la letra converge con el uso del inconsciente.

Como decíamos en “Los Argentinos y el psicoanálisis”, respecto del momento en que llegan las ideas de Freud a nuestro país:

Se trata de pensar el momento histórico singular de la oleada inmigratoria de fines del siglo XIX y comienzos del XX en Buenos Aires y en la Argentina, contexto en el que, poco tiempo después, comienzan a llegar las ideas del psicoanálisis.

Siguiendo a Ezequiel Adamovsky la masiva llegada de extranjeros produce un caos social en el que nadie sabía quién era quién, donde los lugares sociales quedaron indefinidos.

A mediados del siglo XIX en la Argentina todavía no estaban organizadas las instituciones políticas, la economía había sufrido con las guerras, las élites se disputaban el poder y las clases bajas daban señales de insubordinación. No había un nuevo orden social pero el anterior estaba extinguido. Había que construir un Estado: el poder político tenía que dejar de estar fragmentado, eran necesarias leyes, finalizar las guerras internas, terminar con los gauchos y campesinos armados.

Los cambios en el mercado internacional debidos al desarrollo del capitalismo, favorecían la exportación de materias primas desde el territorio: para dar respuesta a la demanda exportadora, era necesario introducir cambios sociales que resultarían profundos y traumáticos.

El Estado debía orientar la producción a la exportación de carnes y cereales: la tierra no podía seguir en manos de aborígenes, lo que da origen a la campaña del Desierto y al posterior modo de repartición de tierras que resulta en latifundios.

Se decide una política inmigratoria que aportara la mano de obra necesaria para la nueva economía y se decide reemplazar la población nativa atrasada, inculta y levantisca por inmigrantes europeos (Constitución de 1853).

La oleada inmigratoria entre 1869 y 1895 resulta en un aumento de la población de 1.400.000 a 4.000.000 habitantes; llegando en 1914 a 8.000.000 (cita 5 de Adamovsky).

En 1914, un tercio de la población del país es extranjera y la mitad lo es en la ciudad de Buenos Aires.

En muchos sentidos, la sociedad anterior a 1860 y la posterior son incomparables: más que una sociedad que evolucionó hacia otra cosa, habría que decir que se construyó en forma abrupta un edificio enteramente nuevo encima de la sociedad anterior, desestructurándola profundamente.

La profundización del capitalismo luego de 1870 produjo cambios sociales de gran magnitud: cientos de miles de inmigrantes llegaron a un país desconocido trayendo su idioma, sus costumbres y sus ideas de qué significaba vivir en sociedad. Al mismo tiempo, miles de criollos que abandonaban la vida rural y se mudaban a las ciudades. Ni unos ni otros tenían claro quién era quién en el caótico espacio urbano.

Aparece la presión desde el Estado, a través de la escuela y del mercado mediante la publicidad para forjar el ciudadano ideal. La élite realiza una operación político-cultural: la redefinición de la ciudadanía. El argentino ideal es civilizado (peticiona a las autoridades por vía legal), de origen europeo, regionalmente de la pampa, particularmente de la ciudad de Buenos Aires e implícitamente blanco. Nadie iba a negarle a un indio, mestizo, negro, a un criollo del interior, a un inculto o a un obrero revoltoso el derecho de ser argentino; de lo que se trataba era de definir claramente cuál era el modo correcto de comportarse.

Se trata de un modelo impuesto desde la élite dirigente sobre una trama social inestable. Intento de relacionar la situación de los grandes centros urbanos con la forma de recibir el psicoanálisis por esa sociedad: la inmigración de europeos y de criollos a las grandes ciudades, en especial Buenos Aires, produjo un caos social donde nadie sabía quién era quién ni qué lugar ocupaba en la nueva realidad. La antigua división entre gente decente y la plebe había desaparecido, pero no se había instalado un nuevo ordenamiento en su lugar. Otro dato relevante es que los inmigrantes europeos eran más valorados que los habitantes locales y que los recién llegados del interior del país. Había que construir una identidad argentina y esto fue una operación impuesta por el Estado, a través de la legislación, de la escuela, y de los mercados con la publicidad en todas sus formas. No se produjo luego de un proceso de decantación a través del tiempo, sino de una serie de decisiones operadas de arriba hacia abajo, en términos sociales.

El diseño de la ciudadanía argentina por Sarmiento y sus seguidores, dejó sus marcas. La que más reconocemos es Facundo. Civilización y barbarie. Veremos su efecto traumático en los antepasados de Borges y en los efectos de la transmisión transgeneracional.

Mandato de olvidar el exterminio

Como parte de aquella investigación, realizamos una entrevista a la psicoanalista Gilou Royer. Consignamos aquí un fragmento donde ella cuestiona nuestras ideas acerca de la influencia que ha tenido la inmigración en la constitución de nuestra identidad.

G: se me ocurre ahora que lo que está nuevamente renegado es que hay una historia local, hay una renegación de un origen de liquidación. ¿Qué fue la conquista del desierto? No nos olvidemos de la conquista del desierto que se llama así eufemísticamente cuando es la liquidación de los habitantes de la pampa…

E: …que los matan por la necesidad de producir más, para responder a las demandas de alimentos, la campaña del desierto tiene ese origen, no puede quedar tierra improductiva ocupadas por los nativos.

G: no eran productivas para Europa. Está muy bien, ahí está hilvanado… No he leído a Adamovsky pero… (Lee) más allá de las razones corporativas y sobre todo políticas que determinaron su surgimiento, “clase media” es un constructo imaginario quefrente al vacío identitario… pero es un vacío activo, producido por renegación, de origen traumático. La conquista del desierto es un eufemismo para decir liquidaron los nativos y lo lograron bastante, en la Argentina, en Méjico no.

¿Podemos pensar en efectos traumáticos en el conjunto y en cada uno de sus individuos? ¿Podemos relacionar la llegada de las ideas psicoanalíticas con la situación de fragilidad de la estructura social? En una realidad en la que hay que elaborar el cambio de idioma, de clima, de lugar social para los recién llegados y de desorganización y caos para los que vivían en las ciudades, ¿qué significó la llegada de ideas que permitían interrogarse como nadie lo había hecho hasta entonces? La premisa del inconsciente y la importancia de la historia individual, ¿pueden explicar que la recepción y auge del psicoanálisis se haya producido?

Lo que no se puede decir no se puede callar

Texto inédito de Borges

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges le dictó a María Kodama el 19 de noviembre de 1985, meses antes de morir, un texto que ella reencontró en fecha reciente, cediéndolo a La Nación Revista para su publicación el 1 de noviembre de 2020. Hallazgo que fue probablemente azaroso y no, siguiendo los meandros del duelo (el de María Kodama por la muerte de Borges) ¿O quizás se trata de la insistencia de lo real?

El texto de Borges es, a su vez, respuesta a otro hallazgo, el de un papel firmado por su abuelo con la buena caligrafía de la época —el coronel Francisco Isidoro Borges—, en una subasta pública: una orden de fusilamiento de un hombre incorporado al ejército regular en una leva y que desertó a los pocos días, yéndose con los gauchos montoneros.

El escritor comienza así:

Mi padre fue engendrado en la guarnición de Junín, a una o dos leguas del desierto, en el año 1874. Yo fui engendrado en la estancia de San Francisco, departamento de Río Negro, Uruguay, en 1899.

Jorge Guillermo Borges, padre del escritor, sabemos que nació en Paraná, no en el fortín donde estuvo destinado su padre.

En Paraná fue que el coronel, durante el sitio de esa ciudad por las tropas gubernamentales de las que formaba parte, conoció a Francisca Haslam, inglesa recién llegada y “heredera de un clan de escritores fracasados”, según algunos autores. A esa señora inglesa se decía que su hijo le afirmaba que él había sido engendrado en la pampa, no en Paraná.

Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires, no en el Uruguay.

Para el escritor Borges, en este texto de 1985… ¿ser engendrado daría cuenta de una marca del padre, del lugar del padre? El padre en cuestión —y al que no se esperaba que fuera puesto en cuestión— era el abuelo coronel. Y el bisabuelo, exiliado en el Uruguay en la época de Rosas. Como diría en un poema:

Al Hijo

No soy yo quien te engendra. Son los muertos.
Son mi padre, su padre y sus mayores;
Son los que un largo dédalo de amores
Trazaron desde Adán y los desiertos

(El Otro, el Mismo, 1969)

Sucesivas guerras civiles entre unitarios y federales jalonaron la historia argentina. En 1868 Sarmiento fue elegido presidente. Asesinado Urquiza, (en ese momento ambos ya eran aliados) acudieron las tropas gubernamentales a las que pertenecía el coronel Borges a Paraná. Era el año 1871. Allí había llegado también Edouard Haslam proveniente de Gran Bretaña con su segunda hija, Frances Ann, que quedó prendada del coronel durante el desfile militar. Unidos en matrimonio, atravesaron dificultades por pertenecer la inglesa a la religión metodista. Tuvieron dos hijos, el segundo fue el padre del escritor que nació en 1874. El mismo año en que muere el coronel Borges.

El conflicto entre las tropas confederadas y los liberales de Buenos Aires, seguía su curso. En las elecciones de 1874 ganó Nicolás Avellaneda, elecciones fraudulentas, como todas en esa época.

Los seguidores de Mitre, su contrincante, habían planificado una revuelta para el día de la asunción de Avellaneda. Pero al enterarse de que el plan es descubierto, deciden adelantar el asalto a pesar de que todavía era presidente Sarmiento, al que seguían respetando.

En la provincia de Buenos Aires el que estaba al mando era el coronel Borges. Pero al recibir una carta de Sarmiento para que detenga el alzamiento en armas, obedece y se rinde con su regimiento. Por lealtad a Sarmiento… ¿o porque éste le había advertido que sus fuerzas eran muy superiores?

Sin embargo cuando se reúne con las tropas mitristas, es despreciado como traidor. Al tiempo que era considerado rebelde para los contrarios.

En este contexto, se inicia la batalla de La Verde, en total desventaja para los mitristas, ya que los fusiles Remington, muy superiores, los tenía el enemigo que respondía a Avellaneda y a Sarmiento.
El coronel —dicen— que se hizo matar en esa batalla.

La carta de Sarmiento fue conservada y enmarcada, con lo que suponemos que la familia aunque consideró su muerte prácticamente un suicidio, lo dignificó como valiente, y no hubo condena familiar, ni social, por ello.

Hasta aquí lo que podemos considerar como la tradición familiar, más ligada a aquello que se transmite, al contenido, que al mismo verbo. Pero lo real no se agota en el contenido.

¿Será eso lo que el nieto intenta, una escritura de lo real? ¿Y lo que se pone en juego es una fantasía de parricidio?

Desde el momento de nacer, dice Jorge Luis, haber contraído una deuda, con un desconocido que había muerto la mañana de tal día de tal mes de 1871 y señala…Lo tenue del hilo que me ata a un hombre sin cara, de quien nada sé salvo el nombre y la perdida muerte.

Perdida muerte de un ser humano que fue injustamente asesinado. Borges, el sujeto social, testimonia para reparar una injusticia, cometida por un antepasado.

Borges, el sujeto-escritor, al que sabemos defensor en voz y en acto del género fantástico en contra del realismo literario del narrar y describir, declara en este mismo texto sobre Silvano Acosta su intención de testimoniar y no hacer literatura, imaginar. Nada me costaría atribuirle una parroquia de Buenos Aires o un oficio determinado —peón de albañil o cuarteador— pero esa atribución haría de él un personaje literario y no el hombre que fue lo que fue.

Yo nací treinta años después. Un vago sentimiento de culpa me ata a ese muerto.

¿Haberse pasado la vida haciendo literatura? ¿Con total desprecio del realismo?

Borges ha realizado el destino no cumplido por todos los escritores frustrados en la genealogía familiar de la abuela paterna. Al final de cuentas era consciente de cómo su padre le ofreció su biblioteca de libros ingleses de la familia Haslam, para que, en principio se deleitase con ella ilimitadamente. Esa herencia la reconoce, la asume, la hace propia y la agradece.

Postulamos que el sujeto del inconsciente, en su singularidad, ya había hecho escritura mucho antes:

Alusión a la muerte del coronel Francisco Borges. 1833-1874

Lo dejo en el caballo, en esa hora
crepuscular en que buscó la muerte
Avanza por el campo la blancura
del caballo y del poncho. La paciente
muerte acecha en los rifles. Tristemente
Francisco Borges va por la llanura
Esto que lo cercaba, la metralla
Esto que ve, la pampa desmedida
Es lo que vio y oyó toda su vida
Está en lo cotidiano, en la batalla

(El Hacedor, 1960)

El coronel que busca la muerte, la blancura quizás como virtud, en algún posible campo semántico, da cuenta de su coraje suicida, como metáfora analógica, habitando el mito familiar.

Pero lo más importante del mito es que apunta a lo que no está dicho.

¿La alusión hará referencia a ubicarse como blanco para los fusiles Remington?

(Irónicamente dirá después en una entrevista que es la marca de su actual máquina de afeitar).

Un militar jerárquico dirá el mito familiar, pero nos lo pinta como un gaucho con poncho. ¿Un poncho virtuoso que se ofrece como blanco en lugar de, pendencieramente, arrojar el poncho al piso?

El poder poético de la destrucción metonímica de la palabra es a lo que se refiere Lacan cuando nos trae el simbólico como corte. También en un psicoanálisis opera de esa manera.

En la Milonga de Jacinto Chiclana volvemos a encontrar el tema del coraje y del nombre, cuando en los últimos versos leemos:

Solo Dios puede saber
La laya fiel de aquel hombre
Señores, yo estoy cantando
Lo que se cifra en el nombre
Siempre el coraje es mejor
La esperanza nunca es vana
Vaya, pues, esta milonga
Para Jacinto Chiclana.

Pero esa marca Civilización y Barbarie, se abre y comienza a producir de manera muy impactante en la reescritura que hace del encuentro entre el sargento Cruz y Martin Fierro.

En el prólogo de El Matrero (1969), donde se publica la Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874), dice Borges:

Una curiosa convención ha resuelto que cada uno de los países en que la historia y sus azares han dividido fugazmente la esfera tenga su libro clásico. Inglaterra ha elegido a Shakespeare…//…En lo que se refiere a nosotros, pienso que nuestra historia sería otra, y sería mejor, si hubiéramos elegido, a partir de este siglo, el Facundo y no el Martín Fierro.

Y en el epígrafe:

I´m looking for the face I had
Before the world was made.

(Yeats: The winding stair)

El cuento

Isidoro Cruz 1 es engendrado por un montonero que muere en una zanja con el cráneo partido por un sable, ese mismo día.

1 Isidoro es uno de los nombres del escritor. Isidro es el segundo nombre del coronel Borges.

Insiste en que le interesa contar de él sólo una noche, en la que vio su propia cara, que por fin oyó su nombre.

Y dice:

En los últimos días del mes de junio de 1870 (Cruz) recibió la orden de apresar a un malevo. Después de un feroz enfrentamiento —dejando el escritor deslizar el dato de que habían muerto ya varios de sus hombres—, se dejó capturar por la valentía de un hombre, el desertor Martín Fierro y cambió de bando.
Cualquier destino consta en realidad de un solo momento. El momento en que el hombre sabe para siempre quién es. Momento en el que comprendió su íntimo destino de lobo, no de perro gregario.

En su desertar, además, cambiar de bando por razones moralmente válidas, no porque iba a perder de todos modos o la iba a pasar menos mal entre los gauchos, que es lo que dice en el texto póstumo, que podría adjudicarle a Silvano Acosta.

¿Pero no está también el hijo para el que el padre no llegó nunca a tener cara? ¿No es una injusticia tener que morir en respuesta a un mandato familiar y social para demostrar valentía…y dejar a un hijo sin padre? ¿Y es su nieto el que debe pagar por esto…quizás una fantasía de parricidio en juego? ¿O lo que se escribe es una denuncia?

Porque también, en este texto de 1985, dijimos que habla el sujeto social. Introduce las diferencias sociales y la cuestión del poder: no diré albañil para no hacer literatura.

En un momento tan serio, como enfrentar la muerte, esa que nos coloca a todos en pie de igualdad, de estar igualmente castrados.

No dirá albañil, dentro de todo un trabajo, dignificar a Silvano Acosta, tan despreciativamente tratado de vago y malentretenido.

La idea de escritura, tanto la del escritor como la de un proceso psicoanalítico, escritura como opuesto a literatura, no es incompatible con la ficción.

A modo de comentario final

En Los argentinos y el psicoanálisis nos preguntábamos por qué razones el psicoanálisis había tenido la penetración y el desarrollo que se observó en nuestro medio. Intentamos caracterizar la segunda mitad del siglo XIX en nuestro país, desde el punto de vista de los movimientos inmigratorios y las consecuencias sociales que tuvieron. Decíamos:

A mediados del siglo XIX en la Argentina todavía no estaban organizadas las instituciones políticas, la economía había sufrido con las guerras, las élites se disputaban el poder y las clases bajas daban señales de insubordinación. No había un nuevo orden social pero el anterior estaba extinguido.

En 1845 Sarmiento publica Facundo o civilización y barbarie.

El escritor, al modo de los poemas épicos, comienza en ese maravilloso texto, con una invocación a Facundo.

Pero su política, su proyecto de país, tiene como objetivo reemplazar la condición abyecta e ignorante del criollo por europeos civilizados.

De ahí que pensamos en Civilización y barbarie como una marca.
En este contexto llegan las ideas de Freud.

Los textos de Borges que nos ocupan en este trabajo, nos permiten abordar como pocos el cruce de la historia argentina del final del siglo XIX y comienzos del XX con la inscripción simbólica que la escritura opera.

Escritura del poeta Borges, en tanto el poeta sabe (saber inconsciente).

Sostenemos con Lacan que no son tan diferentes.

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