Adela Costas Antola: Psicóloga psicoanalista. Miembro titular de APdeBA. Fue Directora del Departamento de niñez y adolescencia, Directora del Centro de Estudios Psicoanalíticos, Secretaria científica de APdeBA, Directora de la Revista Psicoanálisis. Docente titular del Instituto de Salud Mental de APdeBA. Autora de Ecos de Narciso (Letra Viva) y de numerosos artículos presentados en publicaciones y congresos nacionales e internacionales.
Resumen. En este trabajo se articulan distintos aportes de Freud en relación con el odio en los diferentes momentos de sus desarrollos teóricos, lo cual pone en evidencia una perspectiva compleja e inesperada respecto del odio. En este recorrido teórico me he encontrado con derivaciones del odio que podríamos catalogar de “constructivos” en el sentido de efectos constituyentes. En mi opinión, generalmente hemos abordado el tema únicamente desde una perspectiva negativa, reduciéndolo a una fuerza destructiva. Este escrito plantea una perspectiva paradojal en tanto se trata de una pasión que al generar ruptura habilita nuevos enlaces.
Descriptores. Hostilidad, Odio, Interdicción, Duelo, Adolescencia, Exogamia.
Mi interés en los fenómenos de masas movidas por el odio me ha llevado a profundizar el estudio de diversos textos freudianos, entre ellos “Psicología de las masas y análisis del yo” (1921) y “La novela familiar del neurótico” (1909[1908]). Aunque en este último no se aborda explícitamente el tema del odio, considero que dicha pasión juega un rol central en la operación de desasimiento de la autoridad parental. El enfrentamiento entre ambas generaciones imprime el sello epocal a cada sociedad.
Suficientemente conocidas son las tempranas experiencias clínicas en las que Freud se encuentra con el odio como pasión que busca la destrucción o desaparición del objeto, tanto en el análisis de los síntomas como en el análisis de los sueños. No será sino mucho años después que nos ofrecerá una perspectiva compleja e inesperada respecto del odio, ya que nos encontramos con derivaciones del odio que podríamos catalogar de positivos en el sentido de que esta pasión puede tener efectos constituyentes tanto como destructivos. Es esta la línea paradojal que propongo en este escrito.
Bien sabemos que durante el período de la adolescencia se vuelven a jugar las cartas del complejo de Edipo en lo que hace a la elección del objeto de amor, la definición de la posición sexuada y respecto de las figuras de autoridad. Propongo considerar que, además de los conflictos en torno al complejo de Edipo, se pone en cuestión la más temprana operación que diera nacimiento al yo y el no-yo, que explica la primera antítesis sujeto-objeto planteada en “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915). Recordemos que la diferenciación entre el yo y el no-yo extraño y hostil es efecto de la segregación del componente vivido como amenazante para el yo-placer purificado. Destaco el término hostil referido al objeto, reservando el término odio para el juego de oposición amor-odio propio del tiempo de la problemática narcisista. A pesar de que Freud introduce los términos «hostil» y «odio» en el mismo artículo1, notemos que los utiliza para referirse a momentos distintos de la constitución del psiquismo. El término «odio» lo introduce cuando se refiere a la constitución narcisista, allí dice: “Con el ingreso del obje-to en la etapa del narcisismo primario se despliega también la segun-da antítesis del amar: el odiar”2 (p. 131).
Situar el ingreso del objeto en la etapa narcisista no implica su ausencia en el tiempo del autoerotismo, sino que están en consideración dos conceptos distintos de objeto. Son los objetos parciales los protagonistas del tiempo en que prima la búsqueda de autosatisfacción del yo-placer purificado. En tanto que en la etapa del narcisismo el yo se reconoce en tanto persona diferenciada del semejante; un semejante que ya no está reducido a la condición de objeto parcial de la pulsión sino que ha adquirido el status de objeto libidinal de amor o de odio. Dicho en otras palabras, los objetos de la pulsión no son equiparables al objeto libidinal. En este caso es importante tener presente la diferencia entre los conceptos de pulsión y el de libido.
1. En “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915) Freud dice: “Como vimos, el objeto es aportado al yo desde el mundo exterior en primer término por las pulsiones de autoconservación; y no puede desecharse que también el sentido originario del odiar signifique la relación hacia el mundo exterior hostil, proveedor de estímulos.” (p. 131)
2. Freud, S. “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915). AE XIV. Buenos Aires.
Me parece pertinente introducir en este momento la idea del odio como pasión, término derivado del latín pati que significa sufrir, soportar, con su derivación, compasión. Ateniéndome a la etimología, puedo afirmar que el odio existe en tanto existe un sujeto que lo aloje y un objeto con quien compadecerse o a quien hacerle depositario del odio. Por tanto considero que habrá de preservarse el término hostilidad para el tiempo del autoerotismo, en tanto que la pasión del odio supone la constitución del sujeto y el otro, el semejante odiado o amado.
Las vacilaciones que el adolescente padece respecto de un sí mismo diferenciado del otro, son la expresión de extrañeza frente a la imagen transformada del yo infantil en la que se había reconocido hasta entonces. La vivencia de extrañeza concierne también a los admirados padres de la infancia cuyas fallas han quedado en evidencia y, por ello, denigrados. El pasaje de la idealización a la denigración implica una fuerte conmoción en la adolescencia, en tanto el escenario en el que se produce se ha vuelto complejo. El mecanismo de atribución de lo bueno para sí mismo y para el otro aquello que rechaza ha caducado. El yo del narcisismo ha sido horadado por las fallas sufridas por su yo ideal y corre el riesgo de ser objeto de su propio odio.
Contribuye a la conmoción, la complejidad psíquica a la que da lugar la estructuración de las distintas instancias: yo, ideal del yo y superyó; estructuración en la que las identificaciones juegan un rol fundamental. La tranquilizadora diferenciación yo – no yo se ve amenazada en tanto las identificaciones han creado un adentro plagado de gestos y voces del afuera. No se trata de un interior y un exterior claramente delimitado; se trata de un continuo entre lo externo introyectado y el mundo externo teñido de la propia subjetividad. Por ello Lacan apela al modelo de una figura topológica, la cinta de Moebius, que ilustra el continuo entre el adentro y el afuera, sin corte entre lo interno y lo externo.
A esto debemos agregar las transformaciones promovidas por los cambios corporales, hormonales, que advienen en la pubertad. Una fuerza extraña empieza a habitar ese cuerpo hasta ahora conocido, un cuerpo de niño que se va perdiendo en el camino hacia un cuerpo que resulta ajeno al yo. La vivencia de Gregorio Samsa, personaje de La Metamorfosis de Kafka —tantas veces mencionada— recrea magistralmente la vivencia de un adolescente en relación a sus transformaciones.
Desde la perspectiva social, consideremos que el rito de pasaje propiamente dicho, el pasaje de la niñez a la adultez, se ha perdido, en tanto los intereses del individuo prevalecen por sobre el bien común. Me refiero al rito de pasaje propiamente dicho, aquel por el cual el niño perdía su lugar de niño para convertirse en un miembro adulto de la comunidad. En nuestro tiempo cada adolescente tendrá que arreglarse solo; en algunos casos contará con el acompañamiento familiar o de algún buen grupo de pertenencia, si es afortunado.
La inserción social del adolescente conlleva la interrogación respecto del quién soy conjugado en el terreno del «nosotros» versus «los otros». Se pasa de la primera persona del singular a la primera del plural, del yo al nosotros; y de la tercera persona del singular, el otro, a la tercera del plural, los otros, ellos. Un «nosotros» que le permite al adolescente insertarse en una red social para evitar una caída libre arrastrado por la pérdida del idealizado medio familiar.
La tendencia a permanecer en un mundo maniqueo se manifiesta con mucha fuerza en la oposición tajante entre lo denigrado familiar y el grupo social idealizado, sustituto de los idealizados padres ahora devenido menospreciados. La idealización del nuevo mundo con el que se identifica es el residuo de aquel tiempo en el que los padres eran la única fuente de autoridad y de saber.
Las posiciones radicalizadas de algunos adolescentes —como de todo fanático— busca sostener la vigencia del tranquilizador mundo maniqueo amenazado por la vivencia de lo extraño ingobernable que habita al adolescente, así como por el desafío que supone el extraño mundo adulto en el que habrá de incluirse.
En un escenario por demás amenazante para el adolescente el odio se reaviva con fuerza; se busca figuras que encarnen el papel de enemigo, figura esencial para alojar el odio y, al mismo tiempo, poner en escena el conflicto interior que lo habita. Es también, sin dudas, una manera de mantener una ligadura con el mundo exterior que teme y rechaza. La investidura libidinal de los objetos del yo no se reduce simplemente a los lazos amorosos, también debemos considerar la ligadura que el odio genera. Podemos preguntarnos si el adolescente que se zambulle en una comunidad completamente extraña, en tanto ésta no guarda ninguna relación con las marcas de las vivencias infantiles en relación con las primeras figuras de amor y de odio, ama realmente a los miembros que componen esa nueva comunidad o se trata más bien del efecto unitivo que produce el odio, tal como lo plantea Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo”.3
3. Freud, S. “Psicología de las masas y análisis del yo” (1921). AE XVIII. Buenos Aires.
El odio ante la pérdida del objeto
La introducción de la pasión del odio en la lectura que hago de “La novela familiar de los neuróticos” (1909[1908]) corre por mi cuenta; es el resultado de haberlo vinculado con nociones que se desarrollaran posteriormente. Aunque Freud no menciona el odio, utiliza expresiones como “estadio de enajenación respecto de los padres”, estadio en el que “la fantasía del niño se ocupa en la tarea de librarse de los menospreciados padres y sustituirlos por otros” (p. 218)4. Subrayo el término enajenación porque remite claramente a lo extraño equivalente a lo hostil ajeno al yo; al mismo tiempo que el menosprecio conlleva la noción de odio.
La pérdida de la figura parental como objeto amado no puede sino remitirme a la idea de que ante la pérdida del objeto amado, en la realidad o en la fantasía, se produce un recrudecimiento de la ambi-valencia. Eros y pulsión de muerte en eternas dispuestas y alianzas. Cuando el proceso del duelo se ve perturbado por alguna circunstan-cia intrínseca o extrínseca, la desligadura de las pulsiones permite que el odio predomine sobre el amor. Si el destinatario del odio es el sujeto mismo tendremos un duelo de tonalidad melancólica. En esos casos el duelo puede devenir en una melancolía, sucede cuando el vínculo con el objeto estuvo teñido de una acentuada ambivalencia.5
Consideremos además, la pérdida que supone la caída de los padres del lugar de referentes, de organizadores del mundo infantil. Al restarle a los padres dicha función, si el adolescente aún no es capaz de organizar un mundo en el cual seguir su camino exogámico, se ve en riesgo de ser arrastrado hacia un destino tanático, como la adhesión a grupos radicalizados o la adicción.
Es clara la problemática idealización↔denigración que se dirime en el proceso adolescente. La idealización responde a la necesidad de constituir objetos que sustituyan a las denigradas figuras parentales; en ese desplazamiento se evita el duelo por las figuras primordiales, duelo ineludible en el camino a la exogamia.
4. Freud, S. “La novela familiar de los neuróticos” (1909[1908]). AE IX. Buenos Aires.
5. Freud, S. “Duelo y Melancolía” (1917[1915]). AE XIV. Buenos Aires.
Quiero destacar que si bien Freud le atribuye la mayor importancia a la operación de desasimiento de la autoridad para cada individuo en particular, no se detiene en lo individual sino que plantea también la importancia en lo social. Permítanme que transcriba textualmente el inicio de dicho texto: En el individuo que crece, su desasimiento de la autoridad parental es una de las operaciones más necesarias, pero también más dolorosas, del desarrollo. Es absolutamente necesario que se cumpla, y es lícito suponer que todo hombre devenido normal lo ha llevado a cabo en cierta medida. Más todavía, el progreso de la sociedad descansa, todo él, en esa oposición entre ambas generaciones.6 (p. 217) (El subrayado es mío).
Para pensar la perspectiva social me he valido anteriormente de la serie sueca llamada Califato, la cual aborda la problemática de la radicalización que ha llevado a jóvenes europeos a una ruptura abrupta del lazo familiar. La misma fue realizada en un momento en que algunos jóvenes escapaban de sus casas, huyendo de ámbito familiar y socio-cultural para adherir a una comunidad con una cosmovisión completamente diferente con la que ni siquiera comparten la lengua. ¿Qué los llevó a tomar semejante decisión? ¿Qué esperaban encontrar en comunidades tan ajenas a su mundo?
El desarrollo de la serie muestra una comunidad sembrada de desconfianza hacia los otros; incluso en los vínculos de la mayor intimidad no cabe la posibilidad de confiar al otro los pensamientos o sentimientos que implicaran alguna vacilación respecto de las creencias o de los modos de lucha que llevaban a cabo. La exigencia de una convicción absoluta en la causa exigía un sometimiento también absoluto. El odio hacia lo diferente generaba una fuerte ligadura entre los miembros de una comunidad liderada con mano férrea por los líderes.
En Tótem y tabú (1913[1912]) Freud complejiza el concepto de odio al ponerlo en relación con la interdicción que los padres ejercen. La interdicción ejercida por el padre despierta el odio al verse el sujeto impedido en la satisfacción de sus deseos incestuosos, lo que supone otra acotación más al yo del narcisismo. El remordimiento por el odio y por el asesinato del padre da origen al lazo social entre semejantes como consecuencia del sometimiento a las interdicciones sociales. Resulta imprescindible que surja el odio —y que haya que soportarlo— para dar lugar al arrepentimiento ante el dolor por la pérdida del padre. La añoranza del padre supone el proceso de duelo por la pérdida y de incorporación de lo perdido, botín con el que el sujeto se lanza al mundo.
6. Freud, S. “La novela familiar de los neuróticos” (1908). AE IX. Buenos Aires.
En distintos lugares del mundo se han constituido grupos de masa guiados por un conductor que apela al efecto unitivo del odio. Po-dríamos preguntarnos si los hombres que se erigen en conductores de un país valiéndose del poder del odio son hombres que fracasaron en el proceso de desasimiento de la autoridad parental, en el sentido de buscar la destitución de figuras e instituciones representantes de la autoridad. El abordaje de esta problemática requeriría de la contribu-ción de otras disciplinas además del psicoanálisis.
ᴪ ᴪ ᴪ
Avatares da paixão do ódio
Resumo: Esta obra articula as diversas contribuições de Freud ao ódio em diferentes estágios de seu desenvolvimento teórico, revelando uma perspectiva complexa e inesperada sobre o ódio. Nesta jornada teórica encontrei derivações do ódio que poderíamos classificar como “construtivas” no sentido de efeitos constitutivos. Na minha opinião, geralmente abordamos a questão apenas de uma perspectiva negativa, reduzindo-a a uma força destrutiva. Esta escrita levanta uma perspectiva paradoxal, pois é uma paixão que, ao gerar ruptura, possibilita novas conexões.
Descritores: Hostilidade, Ódio, Interdição, Luto, Adolescência, Exogamia.
Avatars of the passion of hate
Abstract: This paper discusses several of Freud’s contributions with respect to hatred in the various moments of his theoretical developments that reveal a complex and unexpected perspective on hatred. In this theoretical overview I have come across derivations of hatred that could be categorized as “constructive” in the sense of constitutive effects. In my opinion, we have generally approached the topic only from a negative perspective, reducing it to a destructive force. This paper proposes a paradoxical perspective insofar as it is a passion that, in generating rupture, enables new ties.
Descriptors: Hostility, Hate, Interdiction, Mourning, Adolescence, Exogamy.
Referencias
Freud, S. (1909 [1908]). La novela familiar de los neuróticos (AE, Vol. IX). Amorrortu.
(1913 [1912]). Tótem y tabú (AE, Vol. XIII). Amorrortu.
(1915). Pulsiones y destinos de pulsión (AE, Vol. XIV). Amorrortu.
(1917 [1915]). Duelo y melancolía (AE, Vol. XIV). Amorrortu.
(1921). Psicología de las masas y análisis del yo (AE, Vol. XVIII). Amorrortu.