Director Comisión de Publicaciones
Los psicoanalistas, en nuestra práctica cotidiana, asistimos con frecuencia al hecho de que una experiencia parezca no caber en las palabras.
La sexualidad, el enigma frente a la muerte y el origen, son temas que habitan en lo hondo de dichas experiencias.
La dificultad para encontrar narrativas que hagan caber ese tipo de experiencias ha llevado en distintos momentos históricos, signados por la guerra y la violencia, a la imagen metafórica del psicoanalista como alguien que debe ser capaz de pensar en medio de un bombardeo. Este es uno de esos momentos.
Teniendo ante sí la observación de tales traumas colectivos e individuales, ¿cómo recuperar los aspectos narrativos del yo y del sí mismo? ¿Cómo dar un marco a lo humano? ¿Cómo dar escritura al desastre?
Sin la aspiración de responder acabadamente a estas preguntas, pero en el intento de encontrar para ellas una narrativa que permita seguir pensando, contamos en este número de nuestra revista con seis contribuciones ejemplares. Cuatro en el Dossier y dos en la sección Texto en contexto.
Se suman a esas contribuciones, a cuyos autores agradecemos inmensamente, la desgrabación de una discusión plena de contenido sobre el primer número de nuestra revista del año pasado, El problema económico del más allá, y cuatro trabajos de tema libre que fueron arbitrados y a cuyos autores no nos cansamos de expresar gratitud por confiar en nuestra publicación.
En momentos en donde la sempiterna pasión del odio parece haberse puesto de moda, encontrando entre sus múltiples formas de expresión la publicación en las redes sociales de breves frases sentenciosas, altisonantes y simplificadoras, enseguida rematadas, según la tendencia de estos tiempos, con la anuladora consigna “FIN”. Como si existiese una última palabra luego de la cual no cabría nada más que decir ni pensar. Como un veredicto final destinado a callar al otro.
Nosotros apostamos a una publicación compleja, con textos que requieren una lectura pausada, pasibles de distintas interpretaciones, intentando mantenernos abiertos hacia un Tú con el cuál se podría tal vez hablar y que lejos de suponer que podría concluirse en una última palabra, propone: habla tú también, no te calles, aunque seas el último en hablar.